El efecto boomerang

25 febrero 2010

El régimen comunista del Derg no ha dejado buenos recuerdos en la mayoría de la población, excepto en los varios miles de niños etíopes que tuvieron la suerte de pasar su infancia y adolescencia en Cuba, amparados por la amistad ideológica de ambos países.

Mengistu, al igual que el emperador Haile Selassie, al que había destronado y luego eliminado con sus propias manos, cometió bastantes atrocidades para asegurarse el poder recién conquistado. Pero, a diferencia del emperador que sólo buscaba seguir en su trono, Mengistu también cometió errores por intentar ser fiel a su ideología. Uno de los más graves fue la nacionalización de casi todas las empresas del país sin garantizar su correcta gestión.

Los padres de Claudio, mi anfitrión en Addis Abeba, poseían una gran factoría dedicaba a la construcción de muebles de madera: St. George Wood Industry. Se trataba de una familia bien situada con amigos muy cercanos en la administración de Haile Selassie, lo cual no era una tarjeta de visita muy conveniente para relacionarse con el nuevo gobierno. Pero no todo estaba perdido: cuando el emperador cayó, sus amigos supieron maniobrar en aguas procelosas y se mantuvieron en sus cargos con la llegada de los militares del Derg. A los pocos meses, el padre de Claudio recibió el chivatazo de que todas las empresas que superasen un escaso número de trabajadores –no recuerdo si seis o doce- iban a ser nacionalizadas. Sus amigos le pusieron la solución en bandeja y él comprendió el camino que debía tomar: en cuestión de días cerró su empresa y despidió a todos sus trabajadores. Punto y seguido.

A los pocos meses, sin hacer ruido, volvió a abrir la factoría con el número mínimo de trabajadores que evitaba su nacionalización. En poco tiempo, las empresas nacionalizadas estaban al borde del caos, dirigidas por simpatizantes del régimen que no tenían ni idea de lo que se traían entre manos: les bastaba con el carnet del partido. St. George Wood Industry se convirtió en el principal cliente de la administración, pues era la única empresa de carpintería en todo el país que funcionaba adecuadamente. Nunca hicimos tanto dinero como entonces, me dijo Claudio sonriendo. El comunismo había arruinado a su competencia, pero a ellos les había hecho mucho más ricos de lo que nunca fueron y de lo que nunca serían.

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