Una cuestion de economia

14 agosto 2012

En los años sesenta, el padre de Claudio Bernardi y sus amigos italianos se desplazaron al valle del río Omo para pasar unos días de cacería. Al poco de llegar,  contrataron a unos nativos para que les acompañasen como guías y porteadores de la expedición. Comenzaron a recorrer la orilla del río en fila india cuando, por error, uno de los cazadores disparó su escopeta, hiriendo gravemente a unos de los porteadores en una rodilla. Rápidamente le hicieron un torniquete y emprendieron el camino de regreso, de nuevo en fila india, con la intención de trasladarle en coche al hospital más cercano, una odisea de más de trescientos kilómetros en las carreteras de la época. Los compañeros del herido le llevaban en unas improvisadas parihuelas y los cazadores abrían la marcha. Al poco tiempo de emprender el regreso, los italianos escucharon el sonido de un cuerpo chocando contra el río. Al mirar atrás, descubrieron horrorizados al malherido en el agua siendo devorado por los cocodrilos y, lo que es peor,  comprendieron que no se trataba de ningún accidente. Los nativos no estaban dispuestos a que ningún lastre interrumpiese la cacería.

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