Las sombras

18 febrero 2010

Orisson y yo salimos de la habitación en busca de un poco de chat para pasar la tarde. En la puerta, un hombre de origen hindú me saluda. Probablemente es uno de los encargados de las obras de la carretera entre Arba Minch y Konso. Mira a Orisson sin ningún recato y me pregunta con sorna: Where did you get it?

No me pregunta dónde la he conocido, porque no se trata de una persona: una mujer hermosa acompañada de un blanco es una mercancía que se consigue, un botín que se encuentra. Le digo que nos conocimos a través de un amigo común en Dire Dawa. El hindú sigue fuera de juego y confiesa sonriendo que no sabe dónde se encuentra la segunda ciudad más grande de Etiopía. Orisson y yo le dejamos a solas con su ignorancia y nos vamos a comprar algo de chat, una lata de sardinas, otra de atún y un poco de pan para hacer un picnic en el patio de nuestro hotel. Entre cerveza y cerveza, Norah Jones suena en el portátil y otorga algo de belleza a un lugar tan sórdido.

Espoleado por las palabras del hindú, las sombras crecen en mi conciencia y necesito hablar con ella. Esa noche mascaremos demasiado chat y, entre nosotros, no quedará ningún secreto.

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