Este viaje comienza con un sueño

5 septiembre 2009

Este viaje comienza con un sueño. A lo largo del año, había estado recibiendo diferentes alertas por Internet con precios de vuelos para el mes de septiembre: Armenia, Colombia, Bolivia, Benin, Togo, Sudáfrica, Etiopía… Muchos lugares y otras tantas dudas, pues destino sólo hay uno y no había ningún factor que me hiciese decantarme por alguno de ellos. Después de varios años eligiendo los viajes como respuesta a una llamada, mi corazón no recibía ninguna y se acercaba peligrosamente el mes de agosto.

Establecí el último fin de semana de julio como límite para comprar el billete de avión, pero llegó el siguiente lunes por la tarde y lo único que tenía en mis manos era una enorme lista con precios de vuelos desde Madrid, París y Londres. Algunos países se habían descolgado de la lista a lo largo de esos días, como Armenia y Etiopía, mientras que Ghana, Mali y Burkina Faso habían aparecido en las quinielas de última hora. Pero no encontraba ningún caballo ganador, ningún lugar que al pronunciar su nombre me resultara excitante. Estaba decepcionado y cansado y me acosté con el sabor amargo de la indecisión en mi boca.

Y entonces tuve un sueño:

En la calle, todo el mundo hablaba de lo mismo: el nuevo Sistema Madrileño de Transportes. Realmente no sabía de qué se trataba y me dirigí a mi estación habitual de cercanías. Quería llegar a Atocha y para ello subí hasta el andén del primer piso. Allí cogí el tren pero, para mi sorpresa, se detuvo nada más llegar al final de la estación. Pregunté qué podía hacer y me indicaron que debía acudir al andén de la planta baja. Así lo hice. Al poco tiempo llegó un tren, me subí en él y continuó su marcha hasta llegar a una estación desconocida. Allí finalizó su trayecto y todos los viajeros nos encontramos en un amplio vestíbulo sin ninguna indicación en el que todo el mundo menos yo parecía saber adónde se dirigía. Me quedé solo y se acercó a mí un hombre de traje azul. Le expliqué mi situación y me acompañó a una puerta automática de cristal opaco que se encontraba en una esquina de la estación.

-Para llegar a Atocha debe coger el nuevo Sistema Madrileño de Transportes. No hay ningún cartel porque no les ha dado tiempo de ponerlo: se estrena hoy.

Crucé la puerta que se abrió a mi paso y me encontré en una estación descubierta en la que había dos filas de viajeros: los de la primera cogían disciplinadamente una gran herradura metálica con los extremos pintados de negro y los de la segunda hincaban la herradura horizontalmente en la parte fija de un torno y la hacían girar hacia la izquierda, momento en el que el torno bajaba y penetraban en el andén. Así lo hice y en ese momento llegó el primer convoy, dotado de cinco filas de dos asientos blancos que se asentaban sobre un hierro conectado a un riel en la pared. Se subieron los diez primeros viajeros dejando sus pies colgando y el tren salió disparado como una montaña rusa a una velocidad espantosa. Nadie pareció sorprendido.

-Es la única manera de llegar a Atocha- me dijeron con resignacion.

No estaba muy convencido de todo aquello, pero monté en el siguiente tren. El viaje fue muy rápido y pronto llegué a una nueva estación que tampoco conocía. Aquello parecía una maldición y empezaba a creer que nunca iba a llegar a Atocha. Me quedé solo en la estación y fui caminando hasta llegar a un nuevo andén. Allí cogí el primer tren que llegó y aparecí en una nueva estación descubierta. A mi izquierda, por encima de sus muros inmaculados se vislumbraban dos grandes edificios de forma cuadrada y color blanco y una gran escalera en medio de ellos por la que subía una muchedumbre vestida igualmente de blanco. Pregunté qué era aquello y me contestaron:

-Detrás de esos edificios está Atocha, allí es donde va toda esa gente. Salga de la estación y llegará allí.

Miré de nuevo a los andenes y me di cuenta que aquella era la única estación de todas las que había visitado en aquel loco trayecto que tenía un cartel indicando su nombre. Allí estaba escrita, con letras blancas sobre fondo rojo, una sola palabra: Bahar.

En ese momento me desperté. El sueño volvió a desarrollarse en mi mente como un relámpago y recordé la ciudad etíope de Bahar Dar, al borde del lago Tana, la fuente del Nilo Azul. Mis dudas se cayeron de golpe y comprendí que todo tenía un sentido. Entusiasmado, esperé a que Tomoko se despertara y le dije:

-He tenido un sueño. Me voy a Etiopía.

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2 comentarios to “Este viaje comienza con un sueño”

  1. Amelia said

    Feliz viaje y mejores experiencias. Un beso

  2. Charlie said

    Muy bueno Anzoni, sobre todo el final. A ver si me la presentas pronto…

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